¿Como equilibramos nuestras emociones?

 ¿Como equilibramos nuestras emociones?

Próximamente, en septiembre, arrancará el curso escolar 2021-2022, y este año el comienzo del cole vuelve a estar marcado por la evolución de la COVID- 9. No es de extrañar que en muchas familias se empiece a palpar una ya conocida sensación de incertidumbre ante este inicio de las clases. Las dudas y los miedos que generamos a raíz de la pandemia originada en 2020 pueden volver ahora de forma anticipada, y con el impulso que quizá acompañe estos temores, un impulso de quitarnos estas molestas sensaciones de encima.

Es natural sentir angustia ante circunstancias inciertas, tales como las dudas que rodean el inicio de las clases, buscar las condiciones más favorables y seguras para los más pequeños, y procurar que su adaptación al comienzo del curso académico sea lo mejor posible. Puede que ellos también se sientan preocupados ante la vuelta al cole y el reencuentro con sus compañeros, por el formato mixto de las clases presenciales y online, y por la circunstancia de que algunos de ellos estarán vacunados mientras que otros todavía no.

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Todo esto puede provocar intensas emociones de vulnerabilidad, falta de control y ansiedad que pueden parecer abrumadoras, captar toda nuestra atención (así como la de los más pequeños), y empezar a “gobernar” nuestra vida. Ese impulso que puede acompañar los pensamientos sobre la situación actual y las emociones tan desagradables que se generan puede llevarnos a intentar hacer lo que sea para evitarlos o aliviarlos, cosas como consultar constantemente nuevas noticias sobre el estado de la pandemia, la seguridad de las aulas, pasar mucho rato pensando en lo mismo para encontrar soluciones (“quedarse enganchado en los pensamientos”), o incluso no querer tomar contacto con lugares públicos como la escuela, en un intento desesperado para protegernos.

 

Conectar con aquellas direcciones importantes de nuestra vida

Es fundamental, en estos momentos, conectar con aquellas direcciones importantes en nuestra vida, y no dejar de realizar las actividades cotidianas que nos aportan bienestar y nos resultan valiosas. Orientar también a los niños y adolescentes en esta tarea puede ayudarles a regular sus emociones. Ante la aparición de pensamientos y sentimientos ansiosos, una opción es intentar observarlos como algo pasajero: una experiencia que va a formar parte de nosotros durante un período de tiempo, pero que finalmente pasará. Podemos intentar observar estas sensaciones como si estuviésemos en la orilla de un río y todos esos pensamientos y emociones fuesen troncos que discurren por la corriente y que finalmente se van, río abajo.

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Esta forma de observar y de responder a los contenidos psicológicos es un buen recurso para no quedarse enganchado en una lucha que aumenta el sufrimiento. Permitirse lo que uno siente y hacerle hueco es también una forma de autocuidado y de validación emocional, y favorece el aprendizaje en regulación de emociones. Es una técnica que puede ayudarnos para construir una adecuada salud mental con nuestros niños y adolescentes, facilitándoles el proceso de generar herramientas en momentos de estrés.

«Podemos intentar observar nuestras sensaciones como si estuviéramos en la orilla de un río»

Por otro lado, cesar en la lucha con la evitación de emociones permite liberar recursos y energías para focalizar la atención en aquellas actividades valiosas y agradables que nos reportan bienestar y que le dan sentido a nuestra vida. De esta forma, la conexión con metas importantes es un buen modo de afrontamiento del malestar. Ante el miedo o la angustia que puedan surgir a los peques (y a los no tan peques) frente el retorno a las clases, podemos intentar focalizar su atención en otras experiencias: diversión por ver a los amigos, ganas de aprender o actividades extraescolares. En definitiva, conectarles con metas importantes y significativas que les acerquen a aquello con lo que sueñan.

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