¿Matar el gusanillo o dejarlo vivir?

 ¿Matar el gusanillo o dejarlo vivir?

Nos ha tocado vivir bajo el duro yugo del márketing. Y lo más grave es que el márketing se mete en todos los aspectos de la vida, por ejemplo en lo que comemos y cómo lo comemos.

Y lo que ocurre es que muchas veces esos inefables consejos de dietistas y nutricionistas que viven en otros países, con otras culturas y costumbres.

Así ocurre con la idea de que hay que desayunar copiosamente. Conozco a mucha gente que por la mañana no tiene ninguna gana de comer, que con un cafetito o un yogur se siente mucho mejor, y que disfruta enormemente con el pincho de tortilla de media mañana.

¿Y tenemos que obligarnos a cambiar nuestros hábitos para cumplir con los consejos que oímos en la tele o leemos en revistas de papel cuché? Pues la respuesta está en tu interior. Es mucho mejor que escuches a tu cuerpo y aprendas a seguir sus indicaciones, porque por mucho que le pese a la prensa de la salud, no todas somos iguales, y no hay un consejo genérico.

_Pero, oye, ¿qué pasa con lo del gusanillo?

_ Ah, sí, a eso iba.

Picar entre horas: tapa de jamon

El gusanillo nos visita a todos a media mañana, o un poco antes de comer. Lo normal es que queramos matarlo:  comer una chuchería, tomar cualquier cosa para aguantar hasta la hora de comer, echar mano de la máquina expendedora. Sin embargo ese gusanillo es nuestro amigo, es mejor escucharlo, es la voz interior que nos dice que ha llegado la hora de alimentarse: el pincho de tortilla, la pulguita de jamón, unas piezas de fruta, un sandwich casero. Y si cuando se despierta el dichoso gusanillo es casi la hora de comer, quizás puedas adelantar la hora del almuerzo y hacer caso a lo que te dice tu organismo.

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